Las definiciones que se dieron en clase fueron bastante acertadas, incluso con citas a los títulos del libro y todo lo que una definición aceptable y académica requiere, pero a la vez fueron definiciones filosóficas. En cambio tratando de darle un tono menos filosófico y más económico podría llegar a formular el concepto del contrato social como el PRECIO que se debe pagar para que la sociedad nos provea de cierta seguridad (una especie de trueque, como los pescaditos que van en la boca del tiburón limpiando sus dientes y el tiburón los provee de seguridad contra los otros depredadores), el tema de los impuestos por ejemplo, si funcionaran como deberían funcionar asegurarían el acceso a la educación y a la salud de las personas con pocos recursos, asegurarían también el mantenimiento de pistas y algunas otras cosas, como mínimo entiéndase
Pero para que el sistema funcione con las reglas que impone Hobbes tendrían los hombres que ser totalmente predecibles, quizás como atontados, trabajadores de un estado impalpable. Trabajar PARA la mejora de la sociedad, la sociedad como el fin. Es aquí en donde no puedo obviar que todo esto de la propuesta del contrato social y de un sistema que lo aplique y que sea exitoso, me suena Huxley, me suena a un mundo feliz de hombres idiotizados por el soma, en donde gracias a este se vuelven predecibles, calculables y parte de una sociedad que se alimenta de hombres formando una gran nada. Como aparece en la carátula del Leviatán, un gran hombre conformado por pequeños hombrecitos que camina atontada y lentamente sin demostrar emoción alguna. Y aquí es donde puedo comprobar que Hayek va por el camino correcto al afirmar que las acciones humanas no son predecibles ni calculables y no por una cuestión de falta de ciencia, sino por exceso de variantes, el exceso de personas que viven en un mundo en el que todas son diferentes.
No me gusta pensar en que el contrato social se ha internalizado tanto que es imperceptible, casi tácitamente aceptado, cuando ni siquiera existe, cuando la sociedad no es alguien, sino solo un sistema destinado a ayudarnos a vivir.
1 comentario:
pienso que el contrato social para que realmente funcione y no sea una imposición social, entiéndase: un control social, lo que me suena a dictadura o imposición; tendría que darse bajo una especie de comunciación por especie, una mente común como la de los borgs o la que se señala en el caso de los mellizos idénticos. pero como el ser humano es único y muy raro, este camino es imposible. mi pregunta sería: ¿cuál es el menor mal?
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